COLUMNA: Hablando de Tenis
Por: Adán Chairez Nava
*Nuestra triste realidad para el tenista Dylan Chairez Amparano (MEX)*
Llegó el límite de los pagos a nivel nacional y mundial con Dylan Chairez Amparano. Competir cuesta entre 3,000 y 4,000 dólares por semana. Al final, todo golpea la cartera de un padre de familia. Este tipo de gastos se pueden hacer una, dos o tres veces… pero veinte o treinta veces se vuelve imposible. Es insostenible.
Pero esta no es solo mi historia. Es la decepción de cientos de niños mexicanos en crecimiento que sueñan con representar a su país.
Las leyes mexicanas no contemplan al talento infantil. Los institutos del deporte, estatal y municipal, operan sin proyectos reales de apoyo para viajes, entrenadores o fogueo. No hay recursos. No hay plan. *Las instalaciones donde entrena Dylan están en la peor calidad mundial: deplorables. No tiene dónde desarrollarse y no hay intención de repararlas, ni proyecto, ni apoyo de autoridades municipales o estatales para intentarlo. ¿Así cómo se desarrolla un jugador? Aun así, logró ganar el torneo Lire Moe 2026 en Colorado.*
La gobernadora no responde. La presidenta municipal tampoco. Las asociaciones deportivas están fracturadas, sin presupuesto ni visión. No se trata de preferir a un jugador: simplemente no existe un programa estructurado para desarrollar atletas.
La presidenta de México habla de austeridad, de que “no hay recursos suficientes”. Para talentos deportivos como Dylan, parece que nunca los habrá. La Federación, asfixiada por la situación económica, tampoco puede.
Mientras tanto, Dylan entrega resultados, torneos y sacrificio. La respuesta: indiferencia y puertas cerradas.
Por eso miramos a Estados Unidos. Allá sí hay interés, becas, desarrollo y proyección. Duele admitirlo: cuando México abandona a sus niños, otro país los adopta.
Esta es la triste realidad de México. La realidad de los tenistas con éxito como Dylan Chairez Amparano, que tienen que elegir entre su bandera o su futuro.
No pedimos favores. Exigimos el derecho que tiene todo niño mexicano: soñar sin que su país lo traicione.