LOS SOCIOS DEL BALON
SOBRE LA BARRERA Y MAS ALLA DEL JUEGO.
Agradecemos a BC Deportes por el espacio brindado para la publicación de nuestra columna deportiva, permitiéndonos formar parte de una plataforma informativa comprometida con el acontecer deportivo de Baja California.
En el fútbol de aficionados de Baja California, de Ensenada y a nivel Nacional se vive una realidad que poco a poco ha ido transformando la esencia de este deporte: el jugador ya no juega únicamente por pasión, sino por conveniencia.
Hoy en día, es común ver cómo muchos futbolistas se han convertido en verdaderos “talacheros”, cobrando cantidades importantes por participar en torneos locales. Equipos que antes se formaban por amistad, identidad o pertenencia a un barrio, ahora se arman a billetazos, contratando refuerzos cada fin de semana con el único objetivo de ganar.
A esta situación se suma la presencia de exjugadores profesionales que, tras haber vivido de buenos contratos, encuentran en el fútbol de aficionados un refugio económico. Su calidad es indiscutible pero su llegada también ha contribuido a elevar los costos y a cambiar la dinámica del juego, desplazando en muchos casos al talento local que juega por amor al deporte.
El problema no radica en que se les pague —porque el esfuerzo y la calidad también merecen reconocimiento—, sino en el exceso y la falta de identidad. Hoy vemos jugadores que un sábado defienden un escudo y al siguiente están con el rival, convirtiéndose en verdaderos nómadas del balón, siempre en busca del mejor postor.
Esto ha provocado una consecuencia preocupante: la pérdida del amor a la camiseta. Ya no hay compromiso, ya no hay historia, ya no hay sentido de pertenencia. El fútbol de aficionados, que debería ser una extensión de la pasión pura, se está transformando en un mercado informal donde el dinero dicta las reglas.
La pregunta es inevitable: ¿hacia dónde va el fútbol de aficionados?
Si no se retoma el valor de la identidad, el compañerismo y el orgullo por representar a un equipo, corremos el riesgo de perder lo más valioso de este deporte: su esencia.
Los dueños de equipos obsesionados por ganar a cualquier costo, son los principales impulsores de esta práctica. En lugar de formar jugadores, fortalecer procesos o construir identidad, prefieren abrir la cartera cada fin de semana y contratar refuerzos como si se tratara de fichajes profesionales.
No les importa el equipo, no les importa la comunidad, no les importa el futuro del futbol local…solo les importa levantar un trofeo, aunque sea comprado.
Y del otro lado las ligas silenciosas. Convenientes.
Los directivos ven lo que está pasando y no hacen nada absolutamente nada. Porque mientras haya espectáculo registros y dinero circulando, prefieren voltear la mirada. Evaden la responsabilidad de regular, de poner orden, de cuidar la esencia del deporte.
Porque al final de todo, el verdadero fútbol no se juega por dinero… se juega por pasión.
El juego termina, pero la pasión nunca descansa….nos vemos en la próxima jornada.
Sean siempre felices.
Atentamente.
Los socios del balón.